Pensero nace de unir mis dos pasiones: la gente y la tecnología. Mi experiencia de más de 20 años como ejecutivo en empresas tecnológicas y mi interés por las personas, porque las empresas son, ante todo, las personas que las forman. En Pensero utilizamos tecnología para ayudar a las empresas a entender qué funciona y qué no funciona dentro de sus equipos: qué maneras de trabajar aportan valor, qué tecnologías ayudan de verdad y si la IA está mejorando la productividad o simplemente generando coste.
Es una tecnología muy nueva que todavía estamos aprendiendo a usar. Existe mucha presión por hacer cambios rápidos y profundos, impulsados por el miedo a quedarse atrás. Nuestra experiencia muestra que la IA es una tecnología maravillosa, pero no es todo lo que se promete. Hemos visto empresas que apostaron por ella de forma total y ahora están dando marcha atrás. El equilibrio no está entre no usar IA o usarla para todo, sino en educar a las personas y aprender de forma orgánica a trabajar mejor con ella.
Sí, porque hay que tener en cuenta que hoy se genera muchísima más actividad: más documentos, más código, más outputs. Pero más volumen no significa generar más valor. Por eso defendemos que las personas deben centrarse en aquello en lo que son buenas y las máquinas en lo que hacen mejor. Las máquinas son excelentes generando volumen; las personas, entendiendo problemas complejos y tomando decisiones humanas.
Es una tecnología disruptiva que nadie ha explicado bien y que todo el mundo espera que sepas usar. Eso genera miedo y rechazo, una reacción normal. La IA es poderosa, pero no sirve para todo ni para todos los casos de uso. Encontrar casos de uso con sentido y avanzar poco a poco es clave.
Creemos que sí, pero de una forma muy concreta. Hay mucho trabajo manual que hace un manager para entender qué está pasando: recopilar información, hablar con muchas personas, analizar datos. Ese trabajo lo puede hacer mejor una máquina. Donde el manager aporta valor es en la parte humana: entender un problema, tomar decisiones empáticas, ayudar a crecer a las personas.
Esa es una de las motivaciones de Pensero. En empresas grandes, la visibilidad se pierde por capas de comunicación. Muchas decisiones se basan más en la capacidad de venderse que en la contribución real. La IA permite compactar esa información y ofrecer una visión más fiel de lo que cada persona hace, en qué aporta valor y dónde puede mejorar. Esto ayuda a desarrollar a las personas en función de su contribución real y no de dinámicas políticas internas.
Empezamos como un software que ofrece métricas, lo que llamamos un análisis de la empresa. Medimos once indicadores relacionados con la entrega, la calidad, el alineamiento con los objetivos de negocio o el uso de la IA. La herramienta funciona de forma automática y diaria, con análisis retrospectivos que permiten entender cómo ha evolucionado la empresa.
Con el tiempo, vimos que muchas organizaciones necesitaban ayuda para interpretar esos datos y actuar, por lo que ahora también acompañamos en los procesos de transformación. Cuando una organización viene con un problema concreto –lentitud, coste, calidad– podemos ayudar con el diagnóstico y las decisiones, pero sin un objetivo claro, la tecnología por sí sola no transforma nada. La IA es una herramienta potente, pero debe integrarse con criterio, como un actor más dentro de la organización.
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