La mayor parte de las compañías hacen formación para incorporar nuevas competencias o skills a su abanico de capacidades corporativas de manera que puedan servir mejor a su propósito. Secundariamente esto genera algunas consecuencias positivas, a veces buscadas, que no son el objetivo prioritario de la formación, pero que son bienvenidas: engagement, satisfacción, gestión del cambio y, por qué no, refuerzo de la cultura y del clima de la compañía. Un caso particular se produce cuando las actividades de aprendizaje se alinean con una serie de circunstancias que inducen no únicamente una adquisición de skills, sino además una sensación de progreso en las personas que participan de esas actividades. Esta vivencia se materializa en niveles de madurez aumentados, en la mejora de la autoconfianza por la sensación de crecimiento personal y profesional, en maneras nuevas de percibir y mirar la realidad y, por lo tanto, en una aproximación diferente hacia ella, que provoca un cambio de comportamientos. Esto es lo que podemos llamar desarrollo.
El desarrollo, tanto en su vertiente profesional como personal, requiere del aprendizaje, necesita de conocimientos y habilidades nuevas, ideas que abran los ojos y modifiquen el mindset de partida. Existen competencias específicas que nos permiten acelerar ese desarrollo: las metacompetencias.
Sin embargo, el aprendizaje per se no es más que uno de los elementos que se precisan para que se produzca el desarrollo. Incluso, en ocasiones, el desarrollo se da a pesar de la formación y no a raíz de esta. Son innumerables los programas de desarrollo de líderes basados en el contenido y no en la unión de elementos que provocan el crecimiento de la persona.
El desarrollo es una experiencia, un proceso sin principio ni fin delimitados, algo que sucede en un periodo de tiempo en el cual la persona se expone o es expuesta a una serie de situaciones que terminan de configurar esa sensación de crecimiento y avance. La formación, como inductora del aprendizaje, es solo una de esas palancas. El resto son experiencias: un reto real al que me enfrento, el debrief de una prueba psicométrica que me permite ganar nuevos insights sobre mí, las conversaciones uno a uno con todo tipo de gente, eventos, ocasiones de hacer algo diferente, situaciones de exposición y riesgo controlado... En definitiva, la apertura consciente a nuevas realidades y perspectivas.
Sean programas de nuevos líderes, altos potenciales, líderes STEM, alta dirección… en todos ellos estamos observando a nuestros clientes adoptar este enfoque. No formar, sino desarrollar y, ojalá, llegar a transformar. No centrarse en el contenido, el formador y la modalidad, sino en qué cambio se provoca en el participante.
Este es el tipo de oferta de valor que desde LHH impulsamos y que podemos ofrecer gracias a una combinación única de capacidades de aprendizaje, assessment, coaching y consultoría. Con perspectiva individual y organizacional. Es el tipo iniciativas que los líderes de L&D nos reclaman: programas para inducir el crecimiento individual de las personas como fuente que nutre el liderazgo organizacional. Esta suma de liderazgos es lo que, a la postre, hará a la compañía sistémicamente más competitiva. Además, generar líderes conscientes del desarrollo de sí mismos es garantía de una cadena de suministro de skills fiable y autónoma para el futuro, provocada, precisamente, por aquellos que lo han experimentado.
Mientras que el aprendizaje es un hecho puntual, el desarrollo es un tiro de largo alcance cuyos efectos no veremos desde el punto donde lo lanzamos. Justamente en la confluencia del desarrollo con el aprendizaje, con perspectiva personal y organizacional, es donde LHH aporta un mayor valor.
Cincuenta años de recorrido en desarrollo de líderes nos han permitido identificar con claridad los ingredientes para provocar el crecimiento en las personas que, a su vez, liderarán a otras. Este es el tipo de efecto que desplegamos a través de nuestros servicios. Generar aprendizaje efectivo no es fácil; juntar el aprendizaje en el cóctel para provocar el crecimiento de los líderes es un arte.
LHH se posiciona como una firma con capacidades únicas para el desarrollo de líderes.
Comprendemos el rol y acompañamos el crecimiento de managers y directivos en todas sus etapas.
Nuestros 50 años de experiencia nos avalan en esta alianza con decenas de organizaciones.
El desarrollo requiere mucho más que formación, pero hay que formar. Particularmente en metacompetencias que permiten acelerar el proceso de crecimiento: la conciencia de uno mismo, de los propios objetivos, motivaciones y capacidades; la reflexión con intención; la apertura a la exploración, asumiendo riesgos y adoptando prácticas que dejen atrás hábitos caducados.
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